Con promesas de asistencialismo al estilo gallardista, Xavier Nava cierra su campaña.

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En el último día de su campaña por la alcaldía capitalina, Xavier Nava estrelló su carrera política en la traición y en la contradicción de principios. Era de esperarse que, sin propuestas y al ver que su parentesco con Salvador Nava le sería insuficiente para ganar este primero de julio, el candidato del PAN recurriera a lo que tanto le cuestionó a Ricardo Gallardo: ofrecer programas asistencialistas. Los mismos que actualmente brinda su oponente.

Ayer terminó su estrategia de campaña, bien cobrada por asesores foráneos pero poca efectiva para un pueblo potosino que sabe que no siempre hijo de tigre es pintito y que sabe que la democracia no tiene apellidos.

Pago millones de pesos por ella, pero no de su bolsillo. Una buena parte la pagó de los millones que consiguió como diputado federal para construir el inservible dren del rio Santiago. Su onerosa estrategia política se basó en la construcción de una campaña mediática nacional de descalificación hacia el alcalde en turno; en una segunda fase, de fingir robos, asaltos, y persecuciones a su equipo de campaña por parte de los gallardistas; en una tercera fase, de criticar el asistencialismo con que Ricardo Gallardo Juárez suma votos y en una cuarta fase, resucitar la memoria de Salvador Nava para comprar el sentimentalismo de los electores más ignorantes de la capital potosina.

Pagó más de 70 millones de pesos por una estrategia política que el espíritu democrático de su propio abuelo rechazaría y condenaría. Pero Xavier Nava la compró porque, como dijo Leonel Serrato, de Salvador Nava sólo tuvo sus brazos cuando era chiquito. Con más de 70 millones de pesos pudo pagarles a sus asesores políticos de la Ciudad de México un estudio a fondo y un paquete de propuestas tangibles y reales para ayudar a la capital del Estado a ser un mejor lugar para vivir. Pero, confiado, colgado en la imagen de su abuelo, escogió lo más fácil.

Esta tarde, su contradicción dio un paso más. Con las encuestas serias en su contra, el diputado federal perredista con licencia, ex aspirante a candidato independiente y hoy candidato del PAN a la alcaldía capitalina, repartió una hoja membretada de la Notaría 24 en la que increíblemente también le ofrece a los capitalinos becas estudiantiles, apoyos en efectivo y desayunos escolares y hasta depósitos en efectivo en cuenta bancaria (emulando a Ricardo Anaya) los mismos programas sociales que tachaba de asistencialistas, de “rentabilidad electoral”, de moneda de cambio para comprar votos y otros calificativos que ya olvidó.

Por eso no reunió a más de 2 mil 500 personas. La gran mayoría sentimentalistas que añoran los tiempos de Salvador Nava pero que ignoran que su nieto, como su padre se movilizan en la frecuencia del oportunismo y el beneficio particular.

Sin un discurso firme, emotivo y convincente, Xavier Nava cerró su campaña amenazando con contratar a todos los ex trabajadores despedidos en la presente administración municipal, y restituir a los policías municipales despedidos por no acreditar los exámenes de control y confianza, y regresarles a dinosaurios panistas las prebendas que los enriquecieron años atrás. Si Xavier Nava pierde este primero de julio, su cierre de campaña también será su funeral político.