En SLP, vestigio más antiguo de América

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Confirma el INAH que restos de actividad humana encontrados en el municipio de Cedral, datan de hace más de 31 mil años. La entidad será referente mundial.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia confirmó que los restos de actividad humana más antiguos del continente americano son, hasta ahora, los localizados en Cedral, San Luis Potosí.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmó, mediante una publicación, que los restos de actividad humana más antiguos del continente americano –entre 32 mil y 31 mil años- son, hasta ahora, los localizados en Cedral, San Luis Potosí.

Juan Carlos Machinena, delegado del INAH, aseguró que estos resultados posicionan al estado como un territorio de renombre a nivel mundial en materia paleontológica.

En la década de los 60, un grupo de pobladores del municipio de Cedral encontró restos de actividad humana, animales y plantas, en el rancho La Amapola. Después de continuas investigaciones se llegó a la conclusión de que tenían una antigüedad de más de 30 mil años, sin embargo, reconocidos arqueólogos pusieron en duda los resultados.

Amparada en nuevas evidencias, la arqueóloga Lorena E. Mirambell publicó este año, con el sello Conaculta-INAH, el libro: “Rancho la Amapola, Cedral. Un sitio arqueológico-paleontológico, plaistocénico-holocénico con restos de actividad humana”, donde –afirma tajante– que la presencia del hombre en México data de hace más de 31 mil años.

La obra está integrada por diez capítulos, que detallan las conclusiones de investigadores de varias disciplinas. Comprende resultados de estudios básicos, como estratigrafía, sedimentos y fechamientos realizados gracias a la técnica del radiocarbono, hasta aquellos especializados en el estudio de la flora y la fauna características de la zona.

“A la luz de los resultados obtenidos tras las investigaciones en el sitio Rancho La Amapola puede afirmarse que hace 32/31 000 años –y tal vez desde fechas anteriores-, un grupo humano acampó en las cercanías del manantial donde se realizaron las excavaciones y concurrió al lugar a fin de proveerse del preciado líquido para beber y, a la vez, conseguir y consumir alimentos, no obstante lo peligroso del sitio”, sostiene Mirambell.

Y agrega: el Rancho “La Amapola y sus proximidades fue frecuentado por grupos humanos durante lapsos tal vez prolongados, en las distintas estaciones, pues el clima benigno lo hacía habitable durante todo el año. Nos encontramos ante un grupo de economía mixta, con un obligado nomadismo, normado por la obtención de los recursos necesarios, requeridos para subsistir”.
La investigación arrojó, además, que el grupo social se veía reducido a la unidad familiar y que sólo en algunas fechas se juntaban los que entre sí se consideraban relacionados, reuniéndose en algún lugar donde los productos naturales lo permitían.

La Arqueóloga, que ha investigado este tema desde 1960 y que tiene estudios de posgrado en Francia en esta misma disciplina, reconoce que para muchos de sus pares resulta difícil aceptar la existencia de un sitio en México de gran antigüedad.

“Se aducen deficiencias en las excavaciones tales como: ausencia de una estratigrafía clara, fechamientos radiocarbonicos deficientes o escasos, falta de correlación entre los restos arqueológicos y los de disciplinas afines y presencia de restos arqueológicos discutibles en contextos geológicos que pueden haber sido perturbados”.
Pero responde, de esta manera, a los cuestionamientos: “ninguna de las cuatro faltas señaladas puede considerarse pertinente, pues todas fueron subsanadas en forma estricta”.
Específica que, inicialmente, los estudios radiocarbónicos para determinar las fechas –antigüedad- de sedimentos, carbón, madera y hogares localizados fueron realizados en laboratorios de prestigio en el extranjero, pero después fueron corroborados en el Laboratorio de Fechamiento de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del INAH y tienen un 95% de confiablidad.

¿QUÉ ENCONTRARON?

Las investigaciones revelaron que en el Rancho La Amapola había un manantial al que los seres humanos acudían para a tomar agua, capturar o cazar a sus presas y colectar vegetales frescos.

El manantial hospedaba fauna muy diversa, según lo comprueban los restos óseos de animales mamíferos encontrados. El estudio morfológico indicó la presencia de dos especies distintas de equinos, uno de tamaño grande y otro pequeño. Hay escasos restos de un caballo de talla intermedia.

En el estudio “Las aves del Rancho La Amapola: implicaciones palobiológicas”, Eduardo Corona asegura que se encontraron restos de aves terrestres y acuáticas, residentes y migratorias. Gran parte de los restos óseos se consideran pertenecientes al pleistoceno final. En cuanto a la diversidad se analizaron 44 huesos, pertenecientes a 22 taxones (clasificaciones de especies).
La variedad de especies, al parecer, no fueron consumidas por los seres humanos, quienes sin duda preferían otros tipos de animales. Las aves terrestres que habitaron el municipio eran típicas de bosques abiertos y de matorral y chaparral, próximos a humedales.

En La Amapola también se encontraron 25 especies de moluscos terrestres y de agua dulce y se advirtió que el municipio ha tenido diferentes tipos de clima: frío, seco, cálido y húmedo.

Los restos de actividad humana están representados por artefactos líticos perdidos o abandonados en el lugar.
La mayor parte eran piezas utilitarias que cumplían las funciones de cortar, raer y raspar, afirma Mirambell y el fallecido arqueólogo José Luis Lorenzo.

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